Subo al avión: me siento en una butaca cualquiera: el avión va medio vacío: no obstante, una chica morena, de ojos verdes, gafas de pasta y buen cuerpo se sienta a mi lado ¿Por qué ha elegido sentarse a mi lado? ¡El avión está casi vacío! ¡Le gusto! ¡Y está buenísima! Tiemblo al oler su perfume, tiemblo al oler su proximidad ¡Una mujer! ¡Llevo dos años sin follar! ¿Son imaginaciones mías o me acaba de sonreír? ¡Me está rozando! ¡Milagro! ¡He ligado!

No sé como entablar, de forma natural, una conversación con ella: no sé, no sé, no sé… ¡Vamos Rafa! ¡Tú eras Sig! ¡Y le gustas! ¡Haz lo que sea! ¡Ya has triunfado! ¿Gordo? ¿Quien está gordo? ¡Lo que estoy es musculoso!

Despegamos.

Pienso: voy a sacar mi portatil, la voy a dejar flipada: me va a ver escribiendo y, como estoy a su lado, tendrá curiosidad: me leerá: puedo escribir los versos más tristes esta noche: y de día: y en este avión: se sorprenderá, tras leer las palabras que le voy a dedicar (las palabras más desgarradoras de la historia de la narrativa mundial) buscará mirarme de frente: pidiendo una explicación a la sensación que, mis palabras escritas, le han despertado: entonces, la miraré: con mis gafas de pasta: eso la rematará: me dirá:

-¿Quien eres? ¿Qué es esto que siento por todo mi cuerpo y golpea mi ser?

-Soy el ezcritor –le responderé- El gran Rafael Fernández. Y, eso que sientes es literatura. LITERATURA ¿Puedes sentir la grandeza de esa palabra también? YO SOY LA LITERATURA: LA VIDA ETERNA.

Y ella, a continuación, se arrancará la ropa.

Sí: lo hago: enciendo el portatil… miro de reojo: ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Ella está mirando hacia mi pantalla, espera curiosa: ¿Qué voy hacer? ¡Qué se prepare! ¡Voy a ser Garcilaso de la Vega escribiendo para su Isabel! ¡Voy a ser Dante escribiendo para Beatriz! ¡Atención anales de la historia! ¡Enciclopedias! ¡Reservadme 70 páginas! Mi portatil se enciende: se ilumina: sale la foto que está como fondo de pantalla:


¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Olvidé que ayer visité una página de faciales! ¡Puse esa foto, de fondo, porque me hacía gracia! ¡Mi portatil parecía el portatil de un pervertido!

La chica mira a la pantalla, horrorizada: luego a mi: con asco: se levanta, se cambia de sitio: me deja solo: con mi pornografía: con mi suciedad: soy asqueroso…

… soy un incomprendido: ¿No se da cuenta que lo que tiene esa chica extendido por la cara no es semen, sino amor? ¿Acaso que una chica te deje eyacular en su cara no es la historia de amor más bella jamás contada?… maldita sociedad: maldita programación televisiva ¿Por qué no ponen porno a la hora del almuerzo? ¿Por qué correrse, follar, no es algo absolutamente normal?

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PD: tengo entendido que Dominus tiene una historia parecida, asi que apretadle un poco las tuercas a ver si os la cuenta :P