Kate Moss no sobreviviría un parto sin la asistencia de treinta matronas y la [Scarlett] Johansson podría parir trillizos sietemesinos sentada en una roca y seguir pelando liebres con una piedra afilada y la mano que le queda libre. La pasión por la curva es puro instinto de supervivencia, y la obsesión por la flaca, un caso virulento de enfermedad generacional inducida y autodestructiva.

Leído en Al abordaje vía La petite claudine