Gracias a menéame he encontrado una interesante explicación de ese mal llamado corte de digestión que se puede producir al meterte en una piscina mientras se hace la digestión.
Ya sé que es un tocho, pero resulta muy interesante. Aquí os lo dejo:
El primer proceso normal que va a estar implicado es el llamado reflejo de inmersión. Consiste en que tras sumergir la cabeza, disminuye la frecuencia cardiaca y se produce la contracción de los vasos más superficiales (de la piel sobre todo) para que el cerebro tenga un aporte preferencial de sangre. En individuos adultos este reflejo no se nota mucho, pero en niños es bastante evidente. De hecho se han informado de bastantes casos por muerte súbita en niños debidos exclusivamente a un reflejo de inmersión extremo que provoca alteración del ritmo cardiaco o directamente una parada cardiaca. Este reflejo de inmersión se favorece por la diferencia de temperatura entre el agua y el sujeto. A más diferencia de temperatura, mayor es el reflejo de inmersión, puesto que otra de las finalidades del reflejo es conservar la temperatura del sujeto. Al contraer los vasos sanguíneos de la piel, la transferencia de temperatura se minimiza.
Nunca se zambullan en agua fría tras haber realizado un ejercicio intenso y estén muy acalorados, porque puede ocurrir desde vómitos y mareos hasta paradas cardiacas por un reflejo de inmersión extremo.
Este reflejo se encuentra en todos los mamíferos, pero es predominante en animales acuáticos como los delfines o las ballenas donde es indispensable para que puedan aguantar largos periodos de tiempo bajo el agua al disminuir el consumo de oxígeno por parte del corazón y de tejidos poco importantes.
El segundo proceso normal e implicado va a ser la digestión. Consiste en un conjunto de procesos que tienen como fin la obtención de nutrientes a partir de los alimentos. Paradójicamente, cuando nos referimos de forma cotidiana a “hacer la digestión” no nos referimos a todo el proceso, sino sólo a aquel que se produce en el estómago y que puede durar desde minutos a 2-3 horas como veremos más adelante. Cuando “hacemos la digestión” el estómago recibe los alimentos, segrega enzimas que los degradan y va haciendo una mezcla de todo gracias al importante componente muscular que posee. Cuando ha terminado, el contenido del estómago se vacía en el intestino delgado. Durante todo este proceso, el estómago necesita gran cantidad de oxígeno, que no tiene otro remedio que tomarlo de los vasos sanguíneos. Por esa razón, cuando estamos haciendo la digestión, los vasos del aparato digestivo se dilatan, para favorecer el proceso. Como consecuencia de ello, otras zonas del cuerpo, como puede ser la cabeza reciben una cantidad menor de sangre. No es casualidad que tras comidas copiosas nos entre sueño (de ahí la famosa siesta) o nos cueste concentrarnos, el cerebro recibe menos aporte sanguíneo porque el aparato digestivo tiene preferencia en esos momentos.
Pues bien, ahora que hemos explicado los dos factores relacionados, ¿qué pasaría si aún no hemos terminado la digestión (el aparato digestivo sigue recibiendo mucha sangre) y nos zambullimos de repente en el agua?
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